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Breve Historia de la Barbacoa

El taco, alimento prehispánico presente en todas las mesas

Al parecer, el taco tomó su nombre de la forma en que los españoles llamaban a los bocadillos tomados entre las comidas.

El taco tuvo su origen en el área rural, cuando las mujeres de los campesinos buscaban la forma de que éstos llevaran de una manera práctica sus alimentos hasta las tierras de labranza, con el desarrollo urbano, los campesinos llevaron consigo estos hábitos a las ciudades, propagándose este tipo de comida ligera, que al paso del tiempo se convirtió en el producto culinario preferido de todos.

El principal elementos del taco es la tortilla que al convertirse en taco, se complementa con variados guisos, aderezados con salsas, verduras y otros ingredientes.

El fuerte consumo del taco en el país ha dado origen a infinidad de variedades:

- De carnitas de cerdo
- De cabeza de res
- De barbacoa
- De canasta o "sudados"
- Al pastor
- Indígenas
- Yucatecos
- De mariscos

El taco es la más democrática de las comidas mexicanas, por ser ligera, rápida de elaborar y apta para reuniones informales con amigos o fiestas.

Homenaje a la barbacoa

Es en realidad al borrego y cabra.
Pero también a los introductores y detallistas de la barbacoa.

Es en homenaje a nuestra cocina regional donde los borregos y las cabras contribuyeron a nuestro arraigo y definición como pobladores de estas latitudes. Desde hace cerca de un siglo, cuando llegaron a pastar a Xochimilco los primeros rebaños de borregos y cabras, el platillo la estado en nuestras mesas y desde entonces se gestó y se sostiene toda una cultura de quehaceres y de gustos alimenticios en torno a estos animalitos.

En cada pueblo había rebaños de borregos y cabras, estaban en sus alrededores y en sus corrales. Lo mismo podían estar ubicados adentro o en orillas del pueblo, diariamente los rebaños salían y regresaban por veredas y riscos en los montes, el río y los arroyos, un pastor guiando a cada rebaño, a veces un hombre de gran edad, a veces un joven o en ocasiones casi un niño, el oficio de pastor, el oficio de conducir este tipo de ganado utilizando para ello, la mirada, los gritos, una vara larga, machete y un morral; Un sombrero como retando al sol y al horizonte.

Todo aquello era un constante trabajo, parte de la estampa general del pueblo con sus términos y tiempos, los corrales, los rebaños y pastores; los caminos de salida, las estancias para esa clase de ganado, y en los pueblos, actividades de todos los días sin descansar, quehacer y oficio de los 365 días del año.

En el pueblo había tantos rebaños que se percibía por las montañas el retozar de los borregos y cabras, por las tardes las polvaderas en los caminos. Por ello, en las viejas familias se comía barbacoa normalmente, su producción era constante y accesible, se comía una o dos veces a la semana, pero regularmente los domingos.

El domingo era día de barbacoa y paseo en trajinera a la vez acompañada de una salsa borracha, tortillas de mano, nopales, aguacate, rábanos y pápalo.

Además en cada casa había una receta especial. Aquello no era lujo ni motivo conmemorativo, era lo que se tenía, se apreciaba y se sabía disfrutar.

Las frases que era común escuchar:

"Péseme una pierna, una costilla doradita"
"Péseme 2 Kilos de pancita y 3 de lomo, compra dos cabezas de borrego, compra sangre de borrego, compra 3 Kilos de patitas de borrego t también consomé".

En la mesa, el molcajete con salsa borracha y sus nopales, chiles en vinagre, rabanitos, cebollitas de cambray y el consomé en una olla, rápidamente platos para todos, tortillas y más tortillas, hasta dejar los huesitos pelones y quizá tener la oportunidad de servirse un segundo plato.

La ceremonia hogareña de preparar la barbacoa en casa unía a la familia y era proponérselo un día de fiesta.

Así cada domingo, por mucho tiempo, tanto que se hizo tradición. Pasó el tiempo, las cosas cambiaron y los rebaños se alejaron de los contornos del pueblo; los fines de semana se volvieron alejados, recuerdos en paseo en trajineras con la familia acompañado de una exquisita barbacoa.

Hoy es un platillo de restaurante, es un paltillo apetecible, un lujo que se hace nuestro, sigue gustando y se disfruta cada vez que se puede.

Esta es una tierra para la buena barbacoa. Tierra de viejos barbacoeros y de antiguos oficios y lugares que no deben desaparecer del todo. En esta tierra, el homenaje ala barbacoa es un reencuentro con nuestra historia, es una identidad con un quehacer mantenido bajo el sol, de nuestros prados y montes. Es el rito que debe continuar para trasladarse, cada vez que se pueda. Es el rito que debe continuar para trasladarse, cada vez que se pueda, a la mesa de cada cocina familiar.

El homenaje a la barbacoa es casero y en familia; ahí mismo con el sabor y el aroma de nuestra tierra.

 

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