-Mi abuelita, que en paz descanse, contaba que el
diablo se aparecía vestido de catrín, de charro, de chivo o
de cómo se le antojaba. A la cueva del diablo iban muchos vecinos a
pactar con el pingo. Todavía viven algunos que alguna vez fueron y
a los que les dio semillas, dinero, animales, todo lo que querían para
volverse ricos.
-Si es cierto. ¡Se acuerdan de los Castillo?
¡Que canoitas de claveles, de coliflores, de calabaza y de ramero las
que llevaban al mercado de jamaica! -Intervino el tío "Guecho"
y continuó:
¡Y don Santiago dónde lo dejaban? Ese
señor trabajaba. Tenía muchos peones que cultivaban sus chinampas.
Dicen que los sábados en la tarde, cuando llegaba la hora de pagar
les decía: "No se apuren muchachos, ahorita pago", y se metía
en su recamara, en una de esas, como no salía, uno de los peones dijo
a los demás: ¡vamos a verlo!, Y todos se fueron a asomar por
la rendija de la recámara. ¡A jijo!, ¡Miren nomás
8, se decían entre ellos. No, pos sí ¡Allí estaba
¡Acostado pero no era él sino un toro el que estaba durmiendo.
"Al poco rato el hombre salió. ¡Órale,
muchachos ¡Fórmense les gritó, y les pagó con monedas
de oro y plata que sacaba a puños de sus bolsillos. ¡Y cómo
no, si dicen que a las doce de la noche entraba una serreta al patio de la
casa. Quienes llegaron a verla, notamos que a los caballos les salía
lumbre por los ojos y los cascos de las patas sacaban chispas de la calle
empedrada. En la carreta le llevaban las talegas de oro y se las llevaban
el que de veras puede"
-Ya - exclamó Juanelo.
-Pos´ sí, palabra, si es cierto - confirmó el tío
"Guecho" sentado frente a todos.
"Mi abuelita me contó de una muchacha muy inteligente que atrapó
al diablo, retomó Martina el hilo de la conversación y la atención
de todos":
¡Si . Lo atrapó. Siempre que la muchacha
salía de su casa, un charro negro la seguía y le hablaba, y
tanta fue su insistencia que la muchacha aceptó un día ser su
novia. Pero ella era muy lista, se ganó la confianza del galán
y le pidió que la llevara a la casa donde él vivía. Si
quieres que sea tu esposa llévame a tu casa, para conocerla, le decía
ella. El charro aceptó y un día la llevó a una cueva.
Cuando llegaron le dijo a la novia que allí vivía y que tenía
todo lo que los seres humanos podían soñar y desear: Ven Mira.
Aquí tengo semillas para lograr las mejores cosechas en las chinampas
de Xochimilco. Oro. Cofres llenos de oro para quien los pida. Monedas y joyas.
Tengo disfraces para los artistas. Vinos de los mejores. Abundantes comidas.
Diversiones. Todo. Tú puedes disfrutar también de esto, nada
más pídemelo, yo te lo doy, pero quítate eso que traes
en el cuello, le pidió con un poco de temor.
El diablo no podía hacerle nada a la muchacha
porque ella llevaba una cadenita de oro con un Cristo que le caía en
el pecho. Además el diablo era presumido con su novia, le dijo que
él era una persona importante porque ayudaba a muchísima gente:
a los artistas, a los magos del circo, a los que trabajaban en el teatro,
y le mencionaba nombres: Fulano ya es rico porque yo le ayudo
No te creo,
le contestaba su novia.
Para desmostar su poder el diablo invitó a
la muchacha a un circo que por esos días había llegado a Xochimilco
y q8ue se encontraba en os terrenos que conocíamos como el Alfalfar.
¡El circo - habló fuerte Estela- El
circo invitaba a la gente del pueblo con muchísima alegría.
En aquellos tiempos los artistas organizaban un desfile.
Te voy a llevar para que veas cómo trabajo
en el circo, dijo el diablo a su novia _continuó martina-, ella aceptó
acompañarlo. Cuando llegaron el diablo se sentó en la luneta:
Orita vengo; búscame allá arriba. Allá voy a estar.
La muchacha se divertía mirando a los payasos
y a un oso que bailaba al compás del pandero; el mismo animal que actuaba
en los cruceros de las calles y en las plazuelas, durante el desfile del circo.
Cuando Tocó el turno de los trapecistas y
fueron anunciados con redobles suspensivos, se hizo profundo silencio. Los
circenses subieron al columpio y la novia del diablo identificó a su
novio vestido también de trapecista. Colgando de las piernas, el diablo
lo sujetaba de los tobillos con una evolución bien calculada y ejecutada:
perfecta. La gente suspiraba con alivio y aplaudía entusiasmada, sin
saber que el diablo los divertía transformado en cirquero.
La muchacha estaba convencida de querer ser la esposa
de aquel hombre poderoso. Habló con sus padres: Les comunicó
que se quería casar, que su novio era una persona muy importante. Después
de interrogarla, sus padres le aconsejaron que no, que aquel hombre no era
bueno y finalmente la convencieron para que desistiera.
Así que una tarde, a la hora en que había
quedado de verse con él, la chica preguntó: ¡A poco puedes
hacer todo lo que quieras?, si pídeme algo, le contestó el diablo.
Ella que tenía preparada una botella- siguió
contando Martina-, le dijo: Métete en esa botella. Y el zonzo que se
mete. Levantaba la mano y le gritaba aquí su novia, muy risueño:
¡Que tal? ¡Cómo me veo?. Tete chiquito, le contestaba ella.
¡Salte!, y el diablo obedecía, quería de veras a la muchacha.
Pero, en la tercera ocación que entró el diablo en la botella,
la muchacha le puso rápidamente como tapón, el crucifijo que
tenía en el pecho, y quedo encerrado el diablo en la botella ¡Déjame
salir!, Gritaba el pobre diablo. Pero la muchacha no se lo permitió
y se lo llevó a su casa.
Mostró la botella a sus asombrados papás,
quienes miraban y remiraban al charrito. Estaban asustados y acordaron llevar
la botella a la parroquia de san Bernardino de Siena. Hasta allá se
fueron todos. El sacerdote observó al charrito unos momentos, emitió
palabras en latín, hizo que todos rezaran, agrego agua vendita y rompió
la botella contra un pilar del altar mayor.
El charro desapareció. El oro, las semillas
y todas sus pertenencias también.
Martina concluyó su plática declarando:
"La cueva del diablo también desapareció".