Las tribus nahuatlacas en su medio lacustre construyeron un
medio para navegar por los lagos y canales de Gran Tenochtitlan, llamado "acallis".
Con la llegada de los españoles a Tenochtitlan, el nombre de acalli
desapareció y se introdujo el nombre de canoa, cuyo nombre proviene
del antillano.
La construcción de estas embarcaciones dependía de la capacidad
y el uso para el que eran empleadas; se construyeron de diferentes tamaños,
ejemplo de ello es:
Jumbillos o tulillos. Estas canoas medían 1.50 metros de largo
por 40 centímetros de ancho; se construían en la zona cerril
de Xochimilco, específicamente en Malacatepec, hoy Momozco, Milpa Alta.
La chalupa o chalupita. Estas eran construidas en tiras de maderas
o tablones traídos de la montaña, medían 4 metros por
50 centímetros. Estas embarcaciones eran construidas en el barrio "de
los carpinteros", hoy barrio de San Cristóbal.
Chalupón o canoa mayor. Era elaborada por tablones de cedro
blanco traído de la montaña; sus medidas eran de 5 por 1.20
metros. Estas embarcaciones eran fabricadas en el Barrio de San Cristóbal
y la Asunción.
La pequeña canoa (de porte) cayuco. Esta embarcación
era parecida al kayac.
Canoa esquimal. Se hacia de un tablón con refuerzos de hierro
forjado que medía 5 metros por 1.30 metros.
Canoa mediana. Era construida de tablón de cedro blanco y encino,
reforzada en sus esquinas con hierro forjado. Su capacidad era de 8 a 12 personas,
su extensión de 7 por 1.80 metros. Su fabricación se realizaba
en el barrio de Santa Crucita.
Canoa ¾ de porte. Hecha para 20 personas, construida de tablón
de cedro blanco, con refuerzo en las cabeceras de encino con hierro forjado
y clavos del mismo metal. Su medida era de 8.50 metros por 2.10 metros.
Canoa de aporte. Con capacidad de 25 a 30 personas. Elaborada con
tablones de cedro blanco y encino con refuerzos de hierro forjado y clavos
del mismo metal. Estas canoas durante la colonia se les llamó de 10
½ varas. Eran usadas para el transporte de personas y carga pasada
para navegar por los canales de Xochimilco.
Estas canoas ya han desaparecido por la falta de grandes árboles de
donde se obtenía la madera para construirlas. La falta de madera, ha
hecho que paulatinamente desaparezcan, la chalupita, el chalupón, el
cayuco (cayuquito); solo quedan en el lago de Xochimilco la canoa chica y
grande, aunque de vez encunado podemos observar navegar algún ejemplar
que antes existía.
Las canoas chicas y grandes son usadas para el transporte doméstico
y el turístico. La trajinera aparece en el porfiriato, por necesidad
de agradar a los catrines que comenzaron a visitar los canales de Xochimilco.
Las primeras trajineras eran adornadas con arcos de florales y con ramas
de ahuejote, con collares de flores amarrados con tule o chacaltule, que eran
colocadas en la parte de enfrenten de la trajinera.
Como los catrines, en ese tiempo, se quejaban del sol, se adaptó un
techo de manta y unas sillas medianas de madera tejidas de tule para disfrutar
del bello paisaje de esa época.
Con el tiempo, las trajineras sufrieron transformaciones en su decoración,
el arco fue cambiado por una portada hecha por un colchón de zacate,
el cual se coloca en un bastidor de madera.
En esa época, Xochimilco era nombrado "lugar de Jardines Flotantes"
porque sus chinampas siempre estaban llenas de flores, por lo tanto las portadas
eran enfloradas cada dos o tercer día a la semana.
Los nombres de Lupita, Margarita o Juanita fueron colocados a petición
de los catrines para festejar alguien con ese nombre o simplemente para engalanar
el nombre de alguna de sus prometidas o novias.
Otro de los cambios que sufrieron las trajineras fue el techo de manta por
uno de lámina, que actualmente conocemos. Se instalaron mesa y sillas
de madera tejidas de tule. Las portadas actuales son hechas con la misma técnica,
solo que la flores, por economía, se sustituyeron por flores pintadas
sobre papel mache y pasta.
Actualmente existen astilleros que construyen canoas y trajineras en los
barrios de Caltongo, Xaltocan, la Santísima y la Asunción, donde
también son reparadas.

Profesor Sebastián Flores Farfán
Cronista de la Delegación de Xochimilco